«Hazme un bocadillo»: el perturbador panorama que revela nuestra encuesta sobre cómo algunos chicos tratan a sus profesoras. | Samantha Schulz
«Hazme un bocadillo»: el perturbador panorama que revela nuestra encuesta sobre cómo algunos chicos tratan a sus profesoras.
Samantha Schulz
Profesora titular | University of Adelaide
Publicado: 30 abril 2024
Australia se enfrenta una vez más al reto de cómo erradicar la violencia machista en nuestro país. Las protestas del fin de semana ponen de manifiesto la enorme indignación de la sociedad ante el número de mujeres que están asesinando, y el Gabinete Nacional se reunirá el miércoles para debatir específicamente esta cuestión.
No hay una solución única para esto. Debemos analizar nuestra sociedad en su conjunto a la hora de plantearnos cómo hacerla más segura para las mujeres.
Una parte muy importante de nuestra sociedad son los centros educativos, donde los y las australianas pasan alrededor de 13 años de su vida.
Como parte de un estudio más amplio y en curso sobre cómo los mundos virtuales están influyendo en el alumnado y en la enseñanza, mis colegas* y yo estamos realizando una encuesta entre el profesorado de la Australia Meridional sobre las conductas sexistas y otras actitudes antisociales entre los alumnos.
La investigación aún sigue en curso, pero los resultados obtenidos hasta ahora visibilizan un escenario perturbador en el que las profesoras deben soportar insultos y comportamientos misóginos y abusivos por parte de los alumnos varones.
Nuestra investigación
Desde Febrero, hemos publicado una encuesta anónima en el grupo de Facebook «Docentes de Adelaide», en la que participan docentes de centros tanto públicos como privados, y de alumnado tanto mixto como segregado por sexo.
La encuesta solicita respuestas breves a preguntas sobre actitudes sexistas, racistas u homófobas por parte del alumnado en sus centros educativos.
La encuesta sigue abierta; hasta la fecha contamos con 132 participantes. Casi el 80 % de las respuestas proceden de profesoras, tanto de primaria como de secundaria.
La ciudadanía australiana salió a la calle este fin de semana para exigir más medidas para proteger a las mujeres de la violencia. Lukas Coch/ AAP
«Hazme un bocadillo»
Una de los patrones que emergen hasta el momento es una intensificación de los insultos y los comportamientos misóginos por parte de los alumnos varones, algunos de tan solo cinco años.
Una profesora de secundaria explica cómo, cuando plantea el problema en sus clases, algunos chicos se ponen a la defensiva ante los testimonios de las alumnas. Los chicos tachan a las chicas de mentirosas y repiten afirmaciones falsas que han visto en Internet:
Por ejemplo, que la brecha salarial no existe, que las mujeres hacen acusaciones falsas de violación, o que los hombres son superiores a las mujeres.
El profesorado también alerta sobre un aumento en el uso de vocabulario soez, sexualizado y agresivo por parte principalmente de chicos/varones jóvenes en sus interacciones con mujeres y niñas.
Otra profesora nos señala que:
Los chicos esgrimen cada vez más un discurso misógino contra alumnas y profesoras, les dicen «hazme un bocadillo» [un meme misógino muy conocido].
Otras de las personas encuestadas destacan el uso de términos como «puta» y «violables» para describir a las mujeres. También denuncian que los alumnos varones emiten sonidos de animales («maullidos o ladridos») o lanzan gestos obscenos (como «tocarse los genitales y hacer otros gestos explícitos») a las niñas y mujeres del centro.
Una maestra de primaria describió cómo varios alumnos de su clase de 1.º de primaria han estado haciendo «sonidos sexuales» dirigidos a ella, a una compañera docente y a otras alumnas.
Por lo visto un alumno había estado viendo los canales de YouTube/Tik Tok de su hermano […] Nos hemos reunido con las familias de estos chicos al menos media docena de veces este curso y poco a poco parece que este comportamiento se va sustituyendo por otros menos antisociales, pero, sinceramente, [los alumnos] lo hacen con tanta frecuencia que lo hacen ya de forma automática.
El comportamiento puede ser físicamente agresivo
Un segundo patrón que se desprende de la encuesta es cómo los alumnos varones se organizan en grupos para intimidar físicamente a sus profesoras y compañeras. Esto incluye acorralar a las chicas/mujeres en rincones, apartándolas de la vista del personal masculino.
Como nos contaba una profesora de instituto, los alumnos varones caminan «rápidamente detrás de las profesoras para apresurarlas al bajar las escaleras». Otra profesora de instituto afirmó haber observado una tendencia de los alumnos varones a invadir su espacio personal.
[Esto incluye] entrar en mi aula durante el recreo, acercarse a la ventanilla de mi coche y señalarme que la baje para simplemente quedarse allí plantado, o hacer que sus amigos me llamen por mi nombre cuando paso por su lado. Esto siempre lo hacen cuando estoy sola y no hay testigos.
La profesora destaca que, a primera vista, todos ellos son «comportamientos inofensivos» y que, si se les preguntara al respecto, los alumnos se limitarían a decir que solo estaban siendo amables.
Pero sé que estos comportamientos tienen como objetivo intimidarme y hacerme sentir incómoda. Me resulta desconcertante que, con tan solo 14 o 15 años, ya sepan cómo utilizar su presencia para amenazar […] Si se comportan así conmigo, ¿cómo no se comportarán con las chicas de su misma edad o con las mujeres de su propia familia?
La mayoría de las personas encuestadas describieron un apoyo insuficiente o nulo por parte del centro educativo. Algunas profesoras de nuestra encuesta afirmaron que tienen pensado abandonar la profesión porque no se sienten seguras. Como nos comentó una profesora:
Sé que no debería dejar que esto me afecte, pero es agotador y tengo ansiedad y pánico a ir a clase.
¿Por qué sucede?
Nuestra investigación más extensa se nutre de conversaciones con docentes que han detectado la creciente influencia en sus centros educativos que ejercen personajes como el «manfluencer» Andrew Tate (que actualmente se enfrenta a cargos por tráfico de personas en Rumanía).
Estos influencers enarbolan una especie de populismo entremezclado con racismo, xenofobia, transfobia y homofobia, según el cual los chicos y los varones son víctimas de los avances feministas. Por lo tanto, los actos de «supremacía masculina» se consideran necesarios para restablecer una jerarquía sexual supuestamente natural.
Los resultados de nuestra encuesta hasta la fecha coinciden con los de otros estudios recientes realizados en Victoria, así como en el Reino Unido y Canadá, que han puesto de manifiesto una conexión directa entre las posturas de Tate y el comportamiento y las actitudes de los alumnos varones.
¿Y ahora qué?
Este creciente conjunto de estudios pone claramente en evidencia que necesitamos una respuesta nacional ante el lenguaje y los comportamientos antisociales en los colegios.
Todos los centros educativos imparten ya cursos sobre el consentimiento y las relaciones basadas en el respeto. Esto es de agradecer, pero necesitamos mucho más.
Podríamos empezar por identificar, denunciar y responder ante la violencia misógina u otras formas de violencia antisocial, las conductas abusivas y el acoso mediante un código de conducta y un protocolo de denuncia a nivel nacional.
Esto no sería más que una pequeña parte de la solución. Pero si comprendemos el verdadero alcance del problema y contamos con unas directrices claras para abordarlo, estos serían pasos cruciales para que nuestras escuelas y nuestra sociedad sean más seguras para todas las personas.
* La investigación en la que se basa este artículo también la están llevando a cabo Daniel Lee, Edward Palmer y Eszter Szenes, de la Universidad de Adelaide, y Sarah McDonald, de la Universidad de Australia Meridional.
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